sábado, 5 de mayo de 2012

Ahora

Ahora que he comprendido que esta locura es un amor imposible. He asumido las consecuencias y en cierto modo me he acostumbrado a lidiar con este fracaso efímero, con esta victoria a medias. Ahora que le he prometido mi amor a la luna y a este oficio de artesanía anudando letras y melodías, te las ofrezco como regalo. A veces es mejor “bienregalarse” a malvenderse. Te traigo este hatillo harapiento repleto de presente. El ahora es lo único que realmente es mío y tengo para darte. El ayer ya pasó, poco o mucho aprendimos de él y el futuro nos vino a caer entre las manos hipotecado hasta la raíz del sentimiento. Algunos llegamos aquí agarrados a los maderos de un naufragio pasado para recalar en la playa de los esqueletos. Abandonemos los malos momentos, en la orilla, a merced de la olas, y que se los trague el mar. Abramos las ventanas, dejemos entrar al sol por nuestras venas, sequémonos el ánimo húmedo y helado que nos cerca. Encendamos una hoguera y tiremos en ella toda la pena que nos sobre… y la que no también.
Brindemos por que no amanezca, porque esta canción dure eternamente y consiga vencer a la muerte otra noche más.

domingo, 15 de abril de 2012

El baile

Esta noche es el baile de graduación del instituto. No le he pedido a ninguna chica que me acompañe. ¿Qué chica en su sano juicio querría ser vista en público con un bicho raro como yo ? No, esta noche es la noche de mi victoria. Mañana esta pesadilla habrá terminado. No tendré que volver a ver a todos esos miserables que me han hecho la vida imposible estos últimos años. Le demostraré al hijo de puta de John que la fuerza de una persona no está en las palizas que le das a lo más débiles sino en hacer lo correcto aunque seas tú el que salga vapuleado. La zorra de Jeena sabrá que la belleza no es el altivo e insolente estereotipo clonado hasta lo grotesco sino la singularidad única de cada persona. Al desgraciado de Marcus le enseñaría la inteligencia del saber escuchar a lo cotidiano y no el menosprecio a los coeficientes inferiores al suyo. Al señor Montgomery le explicaría que todos sus alumnos son igual de importantes y que su falta de dedicación y observación les había dado carta blanca al abuso a los chicos de la clase. Y a todos mis jodidos compañeros les recordaría que el silencio cómplice ante una situación injusta es lo mismo que ser partícipe de ella. Esta noche no iré vestido con el ridículo esmoquin hortera como todos los demás. Esta noche, todos sabrán que soy único y que eso no me hace peor que ellos. Aquí sigo, a pesar de todo he llegado al final con la cabeza bien alta, lo he conseguido. Esta noche es la noche de mi victoria.
Así decía en la nota, escrita de su puño y letra, que encontraron en el bolsillo de su chaqueta manchada de sangre. El resto ya lo sabéis por las noticias. Se presentó en el pabellón deportivo de su instituto en Illinois con la nueve milímetros semiautomática que le había robado a su padre. La sacó de la cintura del pantalón y bang, bang, bang… Cuatro muertos y once heridos acribillados a balazos. Dice el refrán, que el valiente es valiente hasta que el cobarde quiere. Su rostro no mostró ningún tipo de expresión mientras las víctimas caían inertes a pocos metros de sus pies. Luego, con la última bala, se voló la cabeza de un disparo en la sien.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Uma taça de café

Llegué cansado del viaje (8 horas entre autobús, avión y metro hacen mella en la moral del más optimista). Llovía en Marqués. Las gotas de agua saludaban a los viajeros que salían por la boca de metro con menos prisa de lo habitual. Mi mente solo podía pensar en sentarme a desayunar. Por suerte un bar cercano sonreía a tan solo unos metros. Entré dando los buenos días. Rogué por mi salud un café duplo y esperé en mi mesa pacientemente. Me lleve la taza caliente a los labios y entonces pude paladear lo que se avecinaría en los próximos días. Me asomé sin saberlo a la luz macilenta y plomiza del viejo Oporto. Al soniquete melancólico de los fados en las vetustas librerías de saldo aledañas a la plaza de los Aliados. Al aire desvencijado y musgoso de sus edificios más desafortunados (pero no menos bellos) al paso de los aguaceros. Al calor y la extremada amabilidad y civismo de sus habitantes. Las prendas colgadas al escaso sol que visitaba de vez en cuando el casco antiguo. A la rivera salpicada de barcas despeinando al Duero…
Todo parecía haberse volcado dentro de esa taza de café. Pero para enloquecer aún más a mis sentidos cada una de las que tomé después de esa recuperaba de mi memoria pasajes semienterrados en las dunas del olvido. Pude ver a mi tío moliendo los granos e infusionándolos en un viejo cacillo de lata para más tarde tamizarlos en un colador de tela. Las mañanas de instituto (cuando aún lo tomaba con leche) fumándonos las clases e intentando arreglar el mundo. Los cortados de por la mañana para poder abrir los ojos a la oscuridad aún patente antes del trabajo…

Malas (o buenas) pasadas de la memoria ante el olor rotundo y cremoso de una taza caliente de buen café.

jueves, 12 de enero de 2012

Una de zombies

No sé si queda alguien vivo al otro lado de la pantalla para leer esto. Escribo desde mi torre de cristal atrincherado. Duermo poco y siempre sueño con horribles monstruos que intentan atraparme, esos mismos monstruos de los que me escondo. No sé con certeza cuando empezó esto pero creo que siempre han estado ahí, desapercibidos pero entre nosotros, escondidos pero a la vista. Un amigo me dijo que el futuro está en los zombies. Se equivocaba. Ya están aquí. Siempre lo han estado. Los veo por todas partes, caminando en rebaño, siguiéndose unos a otros compulsivamente. Como un perro sigue a su cola, sin un destino. En rebaños enormes, inmensos. Los siento inmóviles frente a la pantalla, consumiendo carroña televisiva o hipnotizados por el cine en descomposición de vampiros de swarovski y hombres lobo con el ojete depilado y en cuerpo untado en aceite. Nunca están saciados. Arrasan con todo hasta que ya no queda nada. Están vivos pero no lo saben. Odian su vida y por eso destruyen todo lo vivo y bueno. Pronto, todo estará cubierto del gris cemento que porta su furia. Se saben vacíos e intentan acallar el eco que esto conlleva con objetos tan fríos e inanimados como ellos. Dentro de poco no quedará dónde esconderse. El mundo tiene los días contados. Al parecer la única solución posible es… desenchufar la clavija.
FIN DE LA TRANSMISIÓN

miércoles, 30 de noviembre de 2011

El futuro fácil

Perdóname que en esta ocasión no me ponga melancólico  o trascendental. Esta vez solo estoy ofendido, profundamente ofendido (y mira que eso es difícil). El motivo es que, hace unos días mientras navegaba por internet y en un reportaje de Documentos TV (nada más y nada menos), oí una expresión que me tocó bastante los cojones. El reportaje en cuestión trataba de la crisis y la nueva “generación perdida”. La narradora exponía que los jóvenes nacidos en democracia eran la generación con más formación académica de la historia española. Hasta aquí todo normal cuando espetó lo siguiente (transcribo textualmente):  “aunque también fueron muchos los que dejaron los estudios en busca de un futuro fácil”.

Estas palabras me removieron amargamente las entrañas. Ya por sí solas estos últimos términos son  ferozmente incompatibles: “futuro fácil”. No han parado de darme vueltas por la cabeza hasta hoy y cada vez me ofenden más. Cualquiera que ha tronchado el lomo más de media hora seguida sabe que ningún futuro lejos de los estudios es fácil. Ya está bien de menospreciar a los currantes sólo por que no tengan el jodido papelito que los acredite como ilustrados. Esa lastra mental es propia de catetos. Los trabajadores, junto a los estudiantes, son el motor que ha impulsado las revoluciones importantes del siglo XX. Ellos son los que se echaban a la calle y recibían de lo lindo frente a los grises, son los que rebosaban las calles en las huelgas generales que tanto temen los gobernantes y patrones. No tiene nada de fácil salir de tu cama, dejar a tu pareja durmiendo como un angelito y ponerte el traje de esclavo cuando aún es de noche para dejarse desangrar por el sistema. No tiene nada de fácil ver como tus horas y tu esfuerzo se traducen en deudas. No tiene nada de fácil saber que estás abajo y ver que los que te mangonean intentan pasarse tu voz y tus decisiones por el forro.  Y a todos los que estudian con becas públicas les animo a que piensen de donde sale ese dinero antes de opinar sobre un currela del Telepizza. Intenta imaginar cualquier acción cotidiana de tu vida, la más absurda y después piensa en quien la hace posible. Hasta sonarse los mocos es imposible sin un obrero que eligió el “futuro fácil”.  ¡Manda huevos!

miércoles, 19 de octubre de 2011

Atazagorafobia

¿Será esto lo que siente el que ha caído a un pozo en un paraje poco transitado?

Esta oscuridad herida fugazmente por algunos rayos de sol desorientados de su rumbo. Oyendo exclusivamente los ecos de sus auxilios atenuados por las paredes del angosto tunel. Sofocada la propia respiración por el claustrofóbico e inevitable estatismo del insuficiente espacio vital. El sudor frío de la adrenalina transitando y agitando aún más la enloquecida taquicardia. El desconcierto más absoluto, la negación de que esto esté pasando en ralidad, que tan solo sea un mal sueño. La frustración, el enfado amargo y corrosivo que produce la impotencia. El odio a los que no pasan por allí y que no pueden oír sus gritos desesperados. La tristeza melancólica y profunda (más aún que el propio agujero) por verte en una situación que crees no merecer. Finalmente la aceptación de la realidad, la sumisión a la parte del destino que no puede ser controlada mas que por manos ajenas. De repente la lúcidez atraviesa tu cráneo como un resplandor helado y revelador…

Te queda exactamente el tiempo que tardes en perder la esparanza.

viernes, 14 de octubre de 2011

Buenas noches

Todo un desastre, ya me ves. Tú, dormida y hermosa. Yo fumándome la madrugada con los dedos aferrados a estas líneas que ahora te escribo y que tal vez mañana leas. Ojalá supiera explicarte el porqué de este biorritmo trastocado. Podría ponerme poético y decir que la noche tiene colmillos y que una vez que te ha mordido su veneno se extiende y te quema. Te hace revolverte entre sábanas lodosas y te llama a que la acompañes una vez más a ver amanecer. Te enciende las neuronas como una Nueva York efervescente con su tráfico rodado de acá para allá. La noche me llama por mi nombre y dispara mi absurda imaginación llenándola de versos insalvables a la quema del olvido. De noche el teorema de la vida parece algo más comprensible e indoloro, más llevadero, menos angustioso. Ojalá comprendieras cuanta calma trae consigo una oscuridad estrellada. Cuantos olores se perciben distintos. Cuantas calles requiebran esquinas para disfrazarse de otra ciudad. Cuantas historias trajeron a la memoria…

En definitiva, tan solo quería darte las buenas noches.